

Nuestra historia comienza en el amor
Fundación Tito Popo nació en 2021 como un homenaje al Sr. Procopio Vázquez Patraca, cuya vida dejó una profunda huella de amor, fortaleza y generosidad. Inspirada por ese legado, la Mtra. Nydia Vázquez Martínez decidió crear una organización dedicada a brindar atención integral a las personas adultas mayores.
Desde entonces, trabajamos para ofrecer espacios donde puedan mantenerse activos, fortalecer su salud física y emocional, desarrollar nuevas habilidades y sentirse acompañados por una comunidad que los valora y respeta.
Creemos que envejecer también significa seguir aprendiendo, compartiendo experiencias y disfrutando de una vida plena.
Misión
Brindar atención integral a las personas adultas mayores mediante programas de rehabilitación, bienestar físico y emocional, terapia ocupacional y acompañamiento profesional, contribuyendo a mejorar su calidad de vida en un entorno seguro, cálido y humano.
Visión
Ser una organización referente en el cuidado integral del adulto mayor, promoviendo un envejecimiento activo, saludable y lleno de oportunidades para continuar disfrutando de la vida.
Valores

Amor
Ponemos el corazón en todo lo que hacemos

Respeto
Valoramos la dignidad y la historia de cada persona

Compromiso
Trabajamos con entrega y responsabilidad por nuestros abuelitos

Honestidad
Actuamos con transparencia y coherencia en cada decisión

Empatía
Entendemos y acompañamos con sensibilidad sus necesidades
Nuestro equipo
Fundación Tito Popo reúne a profesionales y voluntarios que comparten una misma vocación de servicio. Nuestro equipo multidisciplinario trabaja de manera coordinada para brindar atención integral a cada persona, combinando experiencia, calidad humana y un profundo compromiso con su bienestar.
Cada terapia, taller y actividad refleja nuestra convicción de que el cuidado del adulto mayor debe realizarse con profesionalismo, cercanía y mucho corazón.

Carta de la fundadora
Queridos amigos:
"Tito Popo" era el nombre con el que todos conocían a mi papá. Fue un hombre bueno, honesto y generoso. Después de que mi mamá falleció, él quedó viudo a los 34 años con tres hijas pequeñas. Decidió no volver a casarse para dedicarse por completo a nosotras. Nos enseñó, con su ejemplo, que el amor se demuestra cuidando, sirviendo y estando presente.
En 2019, su vida cambió por completo al sufrir un derrame cerebral. De un momento a otro, perdió movilidad en la mitad de su cuerpo. Ya no podía caminar ni valerse por sí mismo. Durante nueve meses lo acompañamos en ese proceso, y ahí conocí de cerca la dura realidad que viven miles de adultos mayores y sus familias.
En medio de ese dolor, le hice una promesa a Dios: que si algún día tenía la oportunidad, ayudaría a otros adultos mayores que estuvieran pasando por una situación similar a la de mi papá.
Tiempo después, él falleció. Sin imaginarlo, durante la pandemia de 2020, Dios comenzó a abrirme el camino para cumplir esa promesa.
Empecé visitando por las tardes a un pequeño grupo de abuelitas en la colonia El Morro, en Boca del Río. Al principio solo conversábamos, jugábamos lotería, hacíamos manualidades y compartíamos un rato juntas. Parecía algo pequeño, pero pronto descubrí que muchas de ellas no solo necesitaban actividades; necesitaban ser escuchadas, abrazadas, recordadas; sentirse vistas y valiosas otra vez.
Poco a poco fueron llegando más. Tres se convirtieron en cinco; cinco en diez; diez en veinte… y sin buscarlo, nació una comunidad donde los adultos mayores encontraron compañía, amistad y un lugar donde volver a sonreír.
Así nació la Fundación Tito Popo. Decidimos hacer las cosas bien, constituirnos legalmente, obtener la CLUNI y trabajar con transparencia, profesionalismo y compromiso.
Durante estos seis años, mi esposo y yo hemos sostenido la fundación con recursos propios. Nunca nos detuvimos a pedir ayuda porque siempre encontrábamos la manera de seguir. Gracias a ello hemos brindado rehabilitación, actividades, compañía, cirugías de cataratas, aparatos auditivos y, sobre todo, momentos que han transformado vidas.
Hoy, la realidad nos alcanza. La necesidad ha crecido y tenemos lista de espera. Con los recursos actuales ya no podemos responder a todos. Por eso, hoy abrimos nuestro corazón e invitamos a más personas, empresas y organizaciones a sumarse a esta misión.
Creemos profundamente que envejecer no debería significar vivir en soledad, sentirse olvidado o perder la esperanza. Todos merecemos llegar a esa etapa con dignidad, compañía y amor.
Si hoy estás leyendo estas líneas, gracias. Gracias por creer en esta causa y por considerar caminar junto a nosotros. Estoy convencida de que, cuando unimos esfuerzos, podemos cambiar historias y construir una sociedad más humana para todos.
Con gratitud,
Nydia Vázquez Martínez
Presidenta y Fundadora
Fundación Tito Popo